La ruta de los volcanes

Carlos La Palma
Mercedes1
La Ruta de los Volcanes en La Palma no es un simple sendero; es una travesía por el espinazo de una isla que aún late.
 
Para poder realizar completa esta parte del GR-131 nosotros optamos por hacerlo en dos partes: el 1 de mayo realizamos la ascensión al Teneguía desde el Centro de interpretación del volcán San Antonio y descenso a Fuencaliente retornando en autobús, y el 3 de mayo la parte mas exigente de la ruta, desde Refugio de El Pilar a Los Canarios. Para ello apalabramos un taxi a las seis de la mañana del 3 de mayo en Los Canarios (donde dejaríamos el coche para encontrarlo al final del recorrido) para que nos llevara hasta el Refugio. Para ello partimos antes de las cinco de la mañana desde Los Cancajos, donde nos alojábamos hasta Los Canarios (en este trayecto se atraviesa Cueva de Belmaco en Mazo, localidad natal de nuestra buena amiga Prisca Toledo). Este madrugón nos permitió pasar todavía de noche por los bonitos monumentos que los vecinos de las muchas aldeas que se atraviesa preparan con motivo de la fiesta de las cruces de mayo y que guardan durante toda la noche en un ambiente festivo. Por supuesto desayunaríamos ya caminando…
 
El ascenso desde Refugio de El Pilar comienza bajo el susurro de los pinos canarios, un calentamiento necesario antes de que el terreno se vuelva austero y mineral. A medida que ganamos altura, el verde cede paso al negro del lapilli y al ocre de las coladas más antiguas, marcando la entrada a la dorsal de Cumbre Vieja.
 
El esfuerzo físico se ve recompensado con una perspectiva aérea brutal: a un lado, el Valle de Aridane; al otro, las vertientes que caen hacia el este, a menudo bajo un mar de nubes que nos hace sentir en una isla flotante. Coronar el Pico Birigoyo o bordear el cráter del Hoyo Negro exige una lectura técnica del terreno, donde la ceniza volcánica pone a prueba la tracción de las botas y la gestión de la zancada. Es una montaña viva, donde el viento suele soplar con la autoridad de quien domina el Atlántico.
 

Al Teneguía y Refugio de El Pilar a Los Canarios

Uno de los momentos cumbres es el paso junto al Duraznero, cuyas cicatrices de 1949 nos recuerdan la juventud geológica de este paisaje. El descenso hacia Los Canarios es un ejercicio de resistencia para las rodillas, un zig-zag constante sobre terreno suelto que requiere concentración. Sin embargo, la vista del Volcán de San Antonio y el faro de Fuencaliente al fondo, como meta visual, ofrece una motivación épica. Es una ruta de contrastes térmicos y visuales, donde pasas del frío de la cumbre a la solana meridional en pocas horas.
 
Al llegar a Los Canarios, con el polvo volcánico impregnado en la ropa y la piel, queda la satisfacción de haber cruzado una de las cordilleras más singulares del mundo. No es la altura absoluta lo que define esta ruta, sino la magnitud de la geología que pisas. Es una experiencia de montaña pura, cruda y profundamente volcánica que exige respeto y regala una de las mejores panorámicas que un senderista puede encontrar en el archipiélago. Tras darnos la bienvenida la estatua y placa al caminante dedicadas por el ayuntamiento de Los Canarios, ya sólo nos queda cumplir con la tradición de tomar la rica copita de vino dulce malvasía con pastas que nos sirvió la amable anfitriona en el bar fin de ruta en Los Canarios. Una ruta inolvidable, ahora mas difícil de realizar tal cual se describe tras la erupción en 2021 del volcán de la cumbre de Cabeza de Vaca.

Tras las huellas de los guanches.

Sensaciones gráficas